Take away, please

El tiempo, qué curioso invento. Cómo algo tan simple es centro y control de gran parte de nuestra vida. Desde pequeños vivimos con horarios que cumplir y, a medida que crecemos, nuestra dependencia del reloj se hace más aguda, hasta llegar a desarrollar el síndrome “voy tarde”.

Vamos tarde al trabajo, a llevar a los pequeños al colegio, a comer, a cenar, a la cita del médico, a la publicación del post del día… Pero este caos termina siendo nuestro hábitat natural, y nuestras costumbres y movimientos diarios se adaptan a él. Pero no sólo nosotros nos adaptamos, todo lo que gira a nuestro alrededor evoluciona para hacer más fácil desenvolverse en ese caos perpetuo en el que vivimos.

El fenómeno take away es algo que antes nos sonaba a japonés, pero que hoy día nos es tan familiar como la cupcake manía. Y ya está tan consolidado que incluso mueve tendencias y modas.

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Hoy día, no hay nada más mainstream que ir con un take away de café (y si es de Starbucks ni te cuento…), porque lo que realmente es trendy es un take away frutero.

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Seguro que los has visto en los mercados de tu ciudad, en los supermercados y en pequeños comercios, que de repente se dedican en exclusiva a su comercialización. La fruta es tendencia queridos hipsters y ante eso no podemos hacer nada. Terminarás consumiéndolo. Sus colores, su frescura y sobre todo, lo bien que sientan con las altas temperaturas, hace que abandonemos por un tiempo nuestros cafés y nos pasemos a la fruitmania.

¿Y tú, te apuntas a la fruitmania?  Yo por el momento me resisto, y es que soy de viejas costumbres para algunas cosas. Pero no diré de este agua no beberé, porque he de confesar que en más de una ocasión ya me he visto tentada.

Que tengáis un gran martes. Gracias por el recibimiento, por estar ahí pese al parón y por compartir con nosotros tantas sonrisas… Que sonreír es de esas pocas cosas gratis que nos quedan.

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Una respuesta a Take away, please

  1. Áurea dijo:

    Yo soy incapaz de beber mientras camino. Eso si, si me da hambre por ahí, paro en una frutería y compro un plátano o una mandarina. Rústica que es una, nunca se me había ocurrido lo del “take away frutero”

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